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Cuando tus sueños son grandes y trabajás por ellos, tené la seguridad que se concretan.

16 Jun

Varias veces encontré personas desalentadas por no poder concretar una película soñada, por falta de medios. Si bien es cierto que para desarrollar un proyecto hace falta plata, también es cierto que si creemos firmemente en ese proyecto, podremos alcanzar los medios necesarios para ponerlo en pantalla. Y aunque esto parezca para algunos un curso de autoayuda, no lo es. Es simplemente tener ganas y la firme  convicción de compartir una obra con los demás, a pesar de los palos en las ruedas que nos puedan poner. Y en mi caso particular, la ayuda de Dios está siempre presente. Aquí les presento mi historia:
Eran los últimos días de agosto de 2003, yo regresaba de Esquel en donde había concluido el rodaje de un largometraje en el que trabajé. Me dirigía hacia Buenos Aires, por la ruta 22. Tras varias horas de viaje, al anochecer, en el valle, vi un cartel que indicaba la cercanía de Chimpay, cuna de Ceferino Namuncurá. Así qué, cuando llegué, decidí parar y conocer el lugar, que se encuentra ahí nomás de la costa del Río Negro.
Al entrar por sus calles de tierra vi un movimiento inusual para un pequeño pueblo, había gente por todas partes e infinidad de vehículos. Fui adentrándome por sus calles, crucé un boulevard y, unas cuadras más, un policía cerraba el paso. Le pregunté que sucedía y me contestó que se estaba llevando a cabo la festividad del nacimiento de Ceferino Namuncurá. Entonces decidí dejar la camioneta y ver que pasaba.
Lo primero que encontré fue una feria en la que se mezclaban los puestos de artesanías con los de productos baratos importados y las santerías, la humareda de las parrillas que ofrecían choripan y una cantidad enorme de gente que paseaba, varios gauchos, más borrachos, todo en un clima festivo, pero tranquilo. Se veían boliches donde se tomaba vino, cerveza y también se guitarreaba.
Se mezclaba el sonido del folclore con el de la cumbia. Detrás de la feria se habían improvisado campamentos, pude apreciar todo tipo de vehículos, y muchos peregrinos compartiendo algo de comer, mate y música en torno a fogones para atenuar el frío de la noche. Hacia el fondo distinguí una luz donde se encontraba una ermita, la que contenía una imagen de Ceferino tallada en madera y, frente a ella, algunas personas orando de pié. Más tarde, ya de regreso, subí a la camioneta en busca de un hotel para alojarme, pues la fiesta central sería al día siguiente y no pensaba perdérmela.
Pero, por la gran cantidad de peregrinos, no conseguí lugar donde alojarme. No tuve más remedio que ir hasta Choele Choel, 50 Kms. más al este. Esa noche había disfrutado los extraordinarios momentos de una fiesta colorida, humilde y popular.
Al día siguiente regresé; la ruta estaba muy concurrida, la gente no iba sólo en autos y camiones, cada tanto pasaban varios ciclistas, y otros, hacían dedo. Llegué, estacioné la camioneta y me dirigí al lugar donde se celebraría la misa. Entré con la multitud al lugar, mucha gente quedó fuera. La celebración fue concelebrada por varios obispos y sacerdotes. El fervor que se sentía en ese lugar era impresionante. Luego de la celebración, decidí que mi viaje debía continuar; ya había participado en esta fiesta en la que no conocía a nadie, pero en la que me sentí incluido. Volví a la ruta nuevamente,
con una sensación de plenitud incomparable y con una pregunta en mi corazón: ¿cuál es la verdadera historia de este joven mapuche que no llegó a cumplir los diecinueve años de edad, y que pasados cien años de su muerte, puede reunir a una feligresía tan grande que lo considera santo?
Esta pregunta quedó latente en mí; luego de varios meses tomé la decisión de llevar adelante la investigación, que posteriormente, quedó materializada en el largometraje documental “Ceferino Namuncurá, el camino a la santidad”.
Fue así, que solicité la inestimable colaboración de los Salesianos, para recabar datos relacionados con su vida y su muerte, como así también, ahondar en el conocimiento de la devoción que gran parte del pueblo argentino le manifiesta. La fecha de un nuevo cumpleaños de Ceferino se fue acercando, presentándose un nuevo desafío, el comienzo del rodaje. Pero me encontraba con un impedimento: la falta de dinero para comenzar el rodaje. Esto significaba conseguir medios para financiar el viaje, equipo, hospedaje, etc. Confiando en la Divina Providencia, y pidiendo la intercesión de Ceferino con asiduidad y también, ¿por qué no
decirlo? debido a mi terquedad, las cosas se fueron dando. Un día, no sé cómo, conseguí parte del dinero para empezar. El rodaje comenzó en Chimpay el día 28 de agosto de 2004. Conseguí valiosas entrevistas, y pude grabar la fiesta desde su inicio hasta el final. El primer paso había sido dado, aunque mi intención era regresar a Chimpay y luego continuar por los demás lugares relacionados a Ceferino; sin contar con un peso para el rodaje, pero con la convicción de poder concluir la obra.
Así, comencé las gestiones para obtener apoyos y recursos para continuar el rodaje. Presenté el proyecto en varios lugares: en el Municipio de Chimpay, donde no sólo declararon al documental de Interés Municipal, sino que siempre que tuvimos que rodar nos solventaron los gastos de estadía. Lo mismo sucedió en Junín de Los Andes, cuando allí filmamos. La Congregación Salesiana nos apoyó y nos recibió tanto en Bahía Blanca como en Fortín Mercedes. Y no puedo dejar de mencionar a amigos que nos acompañaron en este documental: a Favio Landriscina por acompañarme varias veces a Chimpay, a Eduardo Sánchez que gracias a él pude rodar en Carmen de Patagones, a Coco Barone, a Nacho Inzaurraga del Colegio Marín, quienes al momento de pedirles sus cámaras prestadas, no dudaron en facilitármelas. A quien fuera en esos años gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Ing, Felipe Solá de quien recibí algo de dinero para gastos del rodaje. Y también a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, que declaró al documental de Interés Cultural. El apoyo fue coronado por la Municipalidad de Vicente López que nos facilitó el cine York, donde se llevó adelante el estreno y el cocktail para los invitados.
Si bien todas estas entidades y personas nos tendieron su mano amiga, no puedo decir lo mismo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Sistemáticamente esta institución que debe asistir la producción Nacional nos negó su apoyo, declarando, el comité de selección de proyectos de ese momento, sin interés a la película. Esto sucedió en dos oportunidades. Luego, al gestionar el subsidio de post  producción, con el material totalmente grabado, también rechazaron el respaldo. Tampoco fui recibido por su presidente la Sra. Liliana Mazure, a quien conozco desde hace muchos años por razones laborales, para charlar sobre estas arbitrariedades y a quien le solicité personalmente en dos oportunidades que me recibiera. Estas decisiones, probablemente fueron tomadas por tratar el documental un tema relacionado con la Iglesia Católica y por tanto considerado carente de interés y políticamente incorrecto para la visión del organismo. Tales cosas las menciono porque son realmente importantes, ya que conozco varias personas que
abandonaron proyectos porque el INCAA desestimó el apoyo. Hay cantidad de realizadores que se lamentan por no ser respaldados y renuncian, pero algunos, y en este grupo me incluyo, no bajamos la guardia.
El largometraje llevó 6 años de arduo trabajo y, gracias a esto pude lograr escenas impensadas, ya que de haber conseguido subsidios, hubiera concluido el rodaje mucho antes que se presentaran acontecimientos realmente importantes, entre ellos la beatificación de Ceferino. En síntesis, “Ceferino Namuncurá, el camino a la santidad” fue una producción llevada a cabo con la invaluable ayuda de todas las personas y entidades que mencioné con anterioridad, lo cual no es poco.
Hoy comencé a trabajar en mi próxima película.
Cuando tus sueños son grandes y trabajás por ellos, tené la seguridad que se concretan.
Pippo Reppel Toubel