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“Mi pasado me condena”

6 Jul

Nota de Fabián Fucci sobre su visita al Taller de Cine Contemporáneo de Vicente López el pasado 29 de Junio.

Fabián es ex-alumno del TCC y se dedica a la animación.

Pasen a visitarlo!

Y pochoclos para todos!

 

Fotos por Belén Sandoval

17 Jun

El Pampa Fernandez nos cuenta una pequeña anécdota de su “extensa” participación en la filmación de “Siete Años en el Tibet” de Jean-Jacques Annaud.

Símbolos de pasión

7 Jun

El cine es una pasión, y quien así no lo entienda, está en el blog equivocado. O, en todo caso, debe leer este blog para apasionarse con el cine.

Como todas las pasiones, el cine, tiene como cultores espíritus mucho más que entusiastas, apasionados incansables, capaces de cansar, valga el juego de palabras, con sus charlas monotemáticas al escucha más paciente.

Por esa razón, muchos que cultivamos el séptimo arte y hacemos de él un modo de vida, nos reunimos en torno a diversos fogones virtuales para intercambiar energía. En mi caso el TCC fue un faro imposible de evitar. Primero como alumno, y luego como docente, mi relación con el cine se tornó, tal como lo digo desde un principio, en apasionada.

Luego esto no alcanzó, y tuve que hacer de mi pasión una profesión que, pese a los avatares y vaivenes de la economía, se transformó en un medio de vida.

Pero esto de la pasión de nada sirve si no podés expresarte. Por ello, el hecho de dar clases significa, para mí, expresarme, transferir en aquellos con quien comparto conocimientos en el taller, toda esa pasión que el cine hace nacer y crecer en mi.

Muchas veces para transmitir parte de esa pasión, y para compartir conocimientos, es que suelo valerme de ejemplos de películas.


De ello voy a hablar. Y de una película en particular: CINEMA PARADISO.
Es para mí una, por no decir “la”, mejor película que haya visto.
Desbordante en lo técnico, maravillosa en la recreación temporal, impactante en lo fotográfico, pero, por sobre todos estos calificativos que podemos esbozar, llena de pasión.
Pasión en el guión, en toda la poesía que la comprende y expresa. Pero además llena de personajes apasionados, y uno de ellos en particular, que hace de su composición un referente inconfundible de aquellos que somos cinéfilos por excelencia, apasionados incondicionales de esta forma de expresión.

Una de las características que acompañan a este personaje, es que comparte con Giuseppe Tornatore el oficio, y no es casualidad que este afamado director haya escrito y elegido este guión prácticamente autobiográfico. Tornatore es “pariente nuestro” en esta locura de la pasión por el cine, y vuelca en su personaje, y en el contenido de esta película un torrente de pasión que contagia hasta al espectador más duro de corazón. Arranca sonrisas, derrama lágrimas, pero por sobre todo despierta, con esta historia netamente cinematográfica, emociones indescriptibles. Y cuando hablo de cinematográfica lo digo específicamente, y casi con un concepto capcioso, por el contenido de su guión y las características de su personaje.

Una de las herramientas más hermosas que ha esgrimido nuestro querido Tornatore, es el uso de los símbolos para describir las emociones, sensaciones y anhelos de los personajes de este film. En momentos claves del desarrollo, donde la necesidad de transmitir a los espectadores un dato referente, una emoción y obviamente la pasión que embarga a los personajes, es que utiliza símbolos cinematográficos y nos muestra óptica y subliminalmente con extrema precisión lo expresado en el guión. Como, por ejemplo, cuando Philippe Noiret (Alfredo), le explica a Marco Leonardi (Salvatore adolescente), que debe dejar el pueblo para seguir, casualmente “su pasión”. Lo hace en una playa del pueblo llena de anclas, donde cada ancla significa cada alma varada, retenida, anclada en ese pueblo sin haber podido dejarlo para seguir sus anhelos. Y así, encontramos innumerables ejemplos de “símbolos” que acompañan al guión; los textos, la técnica y la actuación para transmitir con total exactitud lo que el autor quiso expresar.

Es por ello que invito, a quienes no vieron esta película, a hacerlo. Y quienes la vieron y desean encontrar todo lo referido a estas pasiones descriptas, nuevamente a repetir la experiencia.  Y, si queremos agregar alguna excusa más para tentarlos a verla, podemos nombrar los premios obtenidos, que solo son un granito de arena en la voluptuosidad de pasión que encontramos en este film. Aclamada en Cannes con el Premio Especial del Jurado, ganadora del Globo de Oro al Mejor Film de habla no inglesa, y por último, y no por ello menos importante, ganadora en los Oscars en la categoría de película extranjera.

Amigos, disfruten de Cinema Paradiso, y encontremos juntos mucha más pasión en el cultivar del cine.

Carlos Marcelo Moscatelli

El quinto círculo

31 May

“Professio-onis”

28 May

Me han solicitado colaborar en este blog con una nota de mi autoría. Tengo muchas cosas que decir y tal vez, en alguna otra oportunidad, les cuente algo más. Pero hoy quiero hacerles saber que tengo un compromiso como comunicador.

Durante gran parte de mi vida intenté comunicarme de alguna manera con la gente sin saber bien que decir; lo intenté alguna vez con la música, luego también con la pintura, pero no tuve la capacidad suficiente como para hacerlo con decoro. Hasta que allá por el año 1980, sin querer, vi en San Isidro un afiche que promocionaba un curso de cine. Ese fue el inicio de mi profesión, mi querida profesión. Y me refiero a ella como querida, porque la etimología de la palabra profesión proviene del latín professio-onis, que significa acción y efecto de profesar. Si bien, profesión puede definirse como una actividad permanente que sirve de medio de vida y que establece el ingreso a un grupo profesional específico, yo me siento incluido en la otra acepción: confesión pública de algo; como ser un ideario político o la profesión de fe.

Puntualmente, en mi caso particular, y como católico, esta última definición es la que mejor me representa. Claro que mi vocación no apareció en el momento de iniciar mis estudios, sino de a poco y considerable tiempo después. En esto tiene que ver, y mucho, Gabriel Teijeiro, único docente de ese Taller de Cine Contemporáneo de mis inicios como estudiante, y en el que hoy me desempeño como docente. Con Gabriel tengo grandes diferencias ideológicas, pero él es ejemplo de quien profesa, ya que es una persona que siempre comparte generosamente sus conocimientos sin la mínima mezquindad, propia de varios intelectuales de estas pampas.  Este respeto y cariño por su trabajo es lo que me une verdaderamente a él, ya que es en gran medida, responsable de mi vocación por su manera de profesar. Igualmente, esta manera de profesar es emblema de todos los docentes y colaboradores del Taller que desde sus lugares entregan lo mejor de si mismos con honestidad.

Desde hace varios años, además de docente, me desempeño como realizador, director, camarógrafo, productor y hace poco, comencé como editor. He trabajado en producciones de diverso tipo, desde comerciales, pasando por documentales, programas de TV, cine y hasta algunos proyectos realmente dignos de olvido. Este camino ha forjado en mí el compromiso como comunicador, de esto quiero hablarles más que nada a quienes están comenzando en la profesión.

Si bien, tanto el cine como la TV son en parte, medios de entretenimiento, cada día vemos como están dedicados, en gran medida, a resaltar el puterío, violencia, materialismo y banalidad. No es que estas cosas deban ser prohibidas, sino que debemos tener en cuenta que los medios de comunicación inciden considerablemente en las conductas humanas. Esto es comprobable si vemos las calamidades que nos abruman. Y no es que debamos solamente denunciar lo que está mal, ya que muchos se ocupan de hacerlo. Creo que es altamente positivo asumir como propósito ofrecerle al espectador obras esperanzadoras, que abran las ventanas de su alma. Esto es posible hacerlo desde el cine argumental, documental, así como en el entretenimiento televisivo.

Por eso, el mejor servicio que podemos brindarle al mundo de hoy es que muchos revitalicemos sinceramente nuestros compromisos sociales para un cambio positivo y en paz. En el Taller de Cine Contemporáneo veo que esto se hace cotidianamente. Creo que el mundo merece algo mejor de lo que vivimos en la actualidad, sea el ámbito que sea. Por eso, varias personas como yo, desde los medios, procuramos comprometernos de esta manera.

Pippo Reppel Toubel.